Qué duda queda de que la Web ha cambiado el mundo. Sin embargo, pocos saben
cómo funciona, cuál es su diferencia con Internet y cómo nació de gigantes
científicos que se aunaron para producir la mayor revolución tecnológica de
nuestro tiempo.
Un invento colectivo
Hay momentos de la razón que reorganizan
el mundo y desencadenan procesos tan poderosos que logran afectar nuestras
vidas hasta en lo más cotidiano. En ello radica el valor social de la
innovación. Sin embargo, en relación con los inventos, y en palabras de
Leibniz, “nada hay más importante que ver los caminos de la inventiva, que son,
en mi opinión, más importantes que las invenciones mismas”. Por eso, la
celebración de los 20 años de la Web no se centra exclusivamente en el objeto
mismo, sino en el proceso que condujo hacia ella.
Si algo nos muestra el proceso de producción de la Web en particular, y de
la tecnología en general, es precisamente que, como producto, esta se
constituye a través de piezas dispersas (muchas veces con finalidades
diferentes), unidas por la acción consciente de quienes cumplen el papel de
articuladores.
El 30 de abril de 1993 la Organización
Europea para la Investigación Nuclear (CERN) declaró su
voluntad de ceder a la humanidad el uso libre y sin restricciones de la
tecnología World Wide Web o 3W creada en sus laboratorios. El equipo interdisciplinar
de ingenieros y científicos de la Organización estaba encabezado por el físico
inglés sir Timothy John Berners-Lee (llamado en el mundo del activismo
tecnológico “Tim” Berners-Lee) y su coequipero, el ingeniero industrial belga
Robert Caillou, quienes el 11 de Marzo de 1989 -luego de más de 15 años de
reflexiones para el primero y 5 años de compromiso para el segundo- dieron a
conocer uno de los inventos que marcaría un hito en la historia de las
comunicaciones del siglo XX: la primera página web, un invento tan
revolucionario como los de la imprenta, la radio o la televisión.
En la creación de la Web no hubo el
“eureka” tantas veces invocado para limitar neciamente la inventiva a un solo
individuo, pues si algo nos muestra el proceso de producción de la Web en
particular, y de la tecnología en general, es precisamente que, como producto,
esta se constituye a través de piezas dispersas (muchas veces con finalidades
diferentes), unidas por la acción consciente de quienes cumplen el papel de
articuladores.
No hay invento que no haya descansado
sobre hombros de gigantes. En palabras de Tim Berners-Lee: “yo llegué en el
momento justo, cuando el hipertexto e Internet habían visto ya la luz. La tarea
que me correspondía era hacer que casaran a través de un invento que
llamaríamos World Wide Web”.
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Ted Nelson acuñó en 1965 los términos “hipertexto” e “hipermedia”. Foto: Wikimedia Commons |
El proceso
La técnica y la tecnología podrían
entenderse como mímesis de nuestros deseos o extensiones de nuestras potencialidades.
Jorge Luis Borges lo planteó diciendo que la técnica y la tecnología “son
extensiones del cuerpo. El microscopio, el telescopio, son extensiones de la
vista; el teléfono extensión de la voz; luego tenemos el arado y la espada,
extensiones del brazo”. En ese mismo sentido el barco sería mímesis del pez, el
avión, mimesis del pájaro, y concluiríamos que la Web es la proyección mimética
de la mente, de su funcionamiento y de su interconectividad.
En el pasado hubo quienes quisieron
asemejar la tecnología a un nivel de funcionamiento igual o parecido al de la
mente. La World Wide Web fue una obsesión de científicos que atisbaron la
posibilidad (en aquellos tiempos remota) de construir un sistema que permitiera
el acceso a la información del planeta, interconectado como el cerebro mismo.
Esta obsesión por la disponibilidad del
saber va desde Alejandro Magno con su Biblioteca de Alejandría, hasta el propio
Tim Berners Lee quien, siglos después, lo pondría en estos términos:
“supongamos que toda la información almacenada en ordenadores de todas partes
esté unida entre sí. Supongamos que pueda programar mi ordenador para crear un
espacio en el que cualquier cosa pueda relacionarse con cualquier otra. Todos
los fragmentos de información de cada ordenador del CERN y en el planeta,
estarían a mi disposición y a la de cualquier otro. Habría un espacio único y
global de información”.
Tal como en el poema de Kubla Khan o la
“Visión de un sueño”, de S.T Coleridge, lo soñado con intensidad fue lo real
próximo. En el siglo XX este deseo se hizo posible, pero paulatinamente.
Regularmente se confunde Internet con la Word Wide Web. Pero en realidad la
Web es a Internet lo que un piñón es a una máquina podadora.
Para empezar, en 1945 salió a la luz un
documento alucinante para la época: “Cómo podríamos pensar”. Su autor, Vannevar
Bush, decano de Ingeniería del MIT y director de la Agencia de Investigación y
Desarrollo Científico, presentó allí en fase teórica su proyecto “Memex”, el cual podría,
gracias a un proceso de codificación binaria y células fotoeléctricas,
solicitar y recuperar referencias cruzadas entre documentos microfilmados (no
digitales), es decir, lo que hoy sería un sistema de referenciación
bibliográfica automatizado.
Más adelante, en 1965, Ted Nelson da a
conocer un nuevo proyecto en fase teórica llamado “Xanadú”. El proyecto
constaba de ordenadores que permitirían a la gente escribir y publicar en un
nuevo formato no lineal -que llamó hipertexto–, lo que significaría el
planteamiento de una lectura diferente de la conocida, pues podríamos llegar a
nuevos contenidos a través de nexos (ahora links) que después de
ser leídos nos retornarían al documento original.
Luego, Doug Engelbart (1969),
investigador de la Universidad de Stanford, presentó su proyecto
experimental NLS (oN Line
System), en el que, apoyado por el concepto “hipertexto”, avanzó en la
posibilidad de crear documentos en grupo (hoy wikis). Asimismo,
Doug sería el primero en acuñar el término mouse para darle
nombre a la creación de aquel objeto periférico que, conectado a los
ordenadores, permitiría una mayor interacción humano-máquina.
Todos ellos, sujetos avanzados a su
época, corrieron con suerte pues “llegaron en el momento indicado” y sus
sistemas se combinaron: Memex como sistema de búsqueda, Xanadú como sistema de
navegación y NLS como sistema de interacción. Con ellos buscamos, navegamos e
interactuamos cuando ingresamos a Internet a través de la Web. Ellos son los
tres pilares de la Web.
Internet no es la Web
Regularmente se confunde Internet con la
Word Wide Web. Pero en realidad la Web es a Internet lo que un piñón es a una
máquina podadora. Para entenderlo hay que ver los varios sectores que componen
Internet:
1) Un
sector administrativo conformado por
organizaciones como ICANN, IANA, LACNIC, entre otras, encargadas de administrar
y asignar números IP y nombres de dominios.
2) Un
sector regulador estatal, consultivo y
multilateral, de conexiones (proveedoras de internet) y organizaciones de
usuarios.
3) Un
sector estructural, conformado por un
tejido de máquinas (servidores) conectadas entre sí a través de cables de fibra
óptica y/o de red que atraviesan casas, barrios, localidades, ciudades,
regiones, países y continentes para luego entroncarse (la mayoría de las veces)
en centros de almacenamiento de datos llamados datacenters, y terminar en tu ordenador personal.
4) Por último, está el sector de
software compuesto por protocolos (IP, TCP, HTTP, POP, entre
otros), con funciones de comunicación específicos: correos electrónicos, transferencia
de ficheros, páginas web, internet local, etc.).
Todo esto con lenguajes de programación,
sistemas operativos y 65.535 puertos (o autopistas) de conexión entre máquinas,
en donde la Web funciona en una sola de sus “carreteras”: la número 80. Bajo el
puerto 80 funciona el protocolo http, que permite conectar máquinas que
transfieren datos de tipo hipertexto.
Toda web, para poder ser transmitida
entre máquinas, debe tener como estándar el HTML para que luego
sean los navegadores web (firefox) quienes interpreten y muestren a los humanos
las “vistas” de las páginas web. También el html y el http fueron creados por
Tim Berners Lee y su equipo de trabajo, inicialmente en el CERN, luego en su
organización World Wide Web Consortium (W3C).
Hoy la Web se usa como medio de acción política y hacktivista, también -lastimosamente- como
piedra angular de las guerras de cuarta generación y/o como segmento de nuevos
escenarios estéticos y de poder tecnopolítico.
Una nueva ciudadanía
Sistemas operativos, lenguajes de
programación, servidores, protocolos, cables, puertos y el hipertexto: toda una
infraestructura construida por cientos de miles de científicos e ingenieros de
varios países del mundo, a lo largo de más de 50 años, quienes crearon las
condiciones para el nacimiento de la Web.
Su popularidad se debió a los
navegadores web, luego a los buscadores, a las redes sociales y de ahí a la
emergencia de la economía de base digital. Hoy la Web se usa como medio de
acción política y hacktivista, también
-lastimosamente- como piedra angular de las guerras de cuarta generación y/o
como segmento de nuevos escenarios estéticos y de poder tecnopolítico. La
Web, hija de diversos entronques de saber, ahora es partera de nuevos cambios
comunicacionales.
Tim Berners Lee y Robert Caillou
construyeron, apoyándose en hombros de gigantes como Vannevar Bush, Ted Nelson,
Doug Engelbart, Dennis Ritchie, Ken Thompson y otros miles de hackers, las bases de lo que hoy es la
tecnología de mayor diversidad lingüística, ideológica y potencialmente
participativa que nunca antes se haya visto en la historia de la humanidad.
Celebrar los 20 años de la Web es
festejar la puesta en marcha de un saber que ha reorganizado el mapa histórico
de la comunicación y su relación con el poder y la ciudadanía. 20 años de la
web son 20 años de crecimiento de la participación comunicativa de los
ciudadanos del planeta.
* Promotor del software libre, activista
tecnológco, e investigador tecnopolítico, miembro de la organización activista
tecnológica colombiana: Fundación Casa del Bosque.
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